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Marit O. Kaldhol: una voz noruega que encontró en México un puente entre lenguas y mundos

20 sept
6 min de lectura

Hay encuentros culturales que no se producen solamente entre países, sino entre lenguas, memorias y formas distintas de mirar el mundo. La trayectoria de la escritora noruega Marit Kaldhol constituye uno de esos encuentros. Nacida en Ålesund en 1955, Kaldhol ha construido desde la década de 1980 una obra extensa que comprende poesía, narrativa y literatura para niños y jóvenes. Pero junto a su trayectoria dentro de la literatura noruega existe otra dimensión menos conocida y de enorme interés: su relación con América Latina y, particularmente, con México.


Kaldhol ha visitado México en varias ocasiones y participó en la Feria Internacional del Libro de Oaxaca de 2008. Su presencia en aquel espacio no fue un episodio aislado: formó parte de una relación más amplia con la literatura latinoamericana que se había desarrollado a lo largo de su vida. En una entrevista publicada en Noruega, la propia escritora explicó que había tenido buenos recuerdos de los paisajes latinoamericanos y que deseaba recrearlos literariamente. También expresó su deseo de construir paisajes literarios que pudieran ser, al mismo tiempo, noruegos y latinoamericanos.


Ese planteamiento resulta fundamental para comprender su vínculo con México. No se trata simplemente de una escritora extranjera que visita el país y posteriormente escribe sobre él. En Kaldhol encontramos una voluntad de dejar que el encuentro con otras culturas transforme el propio lenguaje literario.


México como territorio literario


La relación de Kaldhol con México quedó especialmente vinculada a Oaxaca. En 2008 participó en actividades de la Feria Internacional del Libro de Oaxaca y realizó una lectura de poesía junto al escritor mexicano José Vicente Anaya. La programación de aquel encuentro registra la participación de ambos en el Centro de las Artes de San Agustín.


José Vicente Anaya desempeñó además un papel importante en la difusión de la obra de Kaldhol en el ámbito hispanoamericano. En un texto dedicado a la escritora, Anaya relacionó explícitamente la historia cultural de México y Noruega y presentó a Kaldhol ante lectores mexicanos como una poeta, novelista, dramaturga y autora de literatura infantil y juvenil.


La relación entre ambos países adquirió incluso una dimensión simbólica. En aquella presentación, Anaya evocaba la corriente del Golfo de México que llega hasta las costas del norte de Europa. La imagen resulta particularmente sugerente: una corriente marina que parte de México y contribuye a suavizar el clima de Noruega se convierte en metáfora de otra corriente, esta vez cultural, capaz de transportar palabras, libros e imaginarios entre ambos territorios.


Kaldhol misma utilizó una imagen semejante cuando habló de la posibilidad de que existiera un vínculo entre Noruega y México a través del océano y expresó, con humor, el deseo de que esa conexión pudiera también “transportar” más libros entre los dos países.


La palabra como puente


Hay un título de Kaldhol que resume extraordinariamente bien esta dimensión de su obra: Ordet er ei bru, es decir, “La palabra es un puente”.


La idea del puente resulta especialmente apropiada cuando hablamos de su relación con México. Para Kaldhol, el contacto con otras culturas no parece consistir en borrar las diferencias, sino precisamente en permitir que esas diferencias entren en conversación.


Su formación incluye estudios de lenguas y literatura nórdicas y estudios hispánicos. También vivió un año en Granada, España, experiencia que contribuyó a ampliar su relación con el mundo de habla española. Más tarde, su recorrido literario la llevó a Nicaragua, Argentina, México y Colombia, participando en festivales y encuentros internacionales.


En una entrevista publicada en 2025, Kaldhol recordó que llegó a las voces literarias de América Latina —incluidos Centroamérica y México— a través de Federico García Lorca. Entre sus influencias latinoamericanas mencionó particularmente a Julio Cortázar, aunque señaló que fueron muchos los escritores y poetas del continente que despertaron su interés.


El náhuatl entra en la literatura noruega


Uno de los aspectos más singulares de esta relación con México aparece en el lenguaje.

Kaldhol no se limitó a incorporar en su imaginario literario referencias generales a América Latina. Su obra llegó a establecer un contacto mucho más concreto con la realidad lingüística mexicana. Un ejemplo especialmente significativo es Søkeord: ayotzintli.


El término ayotzintli, de raíz náhuatl, aparece ya en el título de la obra. La elección no es insignificante. Introducir una palabra de una lengua originaria de México dentro del título de una obra publicada en noruego supone hacer visible, desde el propio umbral del libro, la existencia de otro universo lingüístico.

La obra recibió en 2010 el premio del Ministerio de Cultura de Noruega para literatura infantil y juvenil, lo que contribuyó además a situar esa palabra de origen mexicano dentro de una obra reconocida por la literatura noruega.


Por ello, más que hablar únicamente de una escritora noruega que “escribe sobre México”, resulta interesante hablar de una autora que permite que México entre en la propia textura de la literatura noruega.


Y aquí conviene hacer una distinción histórica: no es posible afirmar, con la documentación localizada, que Kaldhol haya sido literalmente la primera autora noruega en utilizar palabras náhuatl. Esa afirmación requeriría una investigación bibliográfica mucho más amplia. Pero sí puede sostenerse que su utilización de ayotzintli constituye un ejemplo temprano y significativo del diálogo entre el noruego y una lengua originaria mexicana dentro de su obra.


No solamente México: las lenguas originarias como presencia


La importancia de este gesto va más allá de una palabra exótica.


Cuando una lengua indígena aparece en una obra literaria escrita en una lengua europea, se produce un desplazamiento de perspectiva. El lector noruego se encuentra ante una palabra que no pertenece a su tradición lingüística inmediata y que, precisamente por ello, obliga a reconocer la existencia de otra historia, otra geografía y otra manera de nombrar el mundo.


El náhuatl no es simplemente un repertorio de palabras antiguas. Es una lengua viva, perteneciente a una comunidad lingüística contemporánea y heredera de una profunda tradición cultural mesoamericana.


En ese sentido, la incorporación de términos de origen náhuatl puede leerse como una forma de ampliar el mapa de la literatura noruega: un mapa que deja de terminar en Europa y abre espacio para las voces y lenguas de otros territorios.


Oaxaca y el encuentro entre culturas


Oaxaca ocupa un lugar especialmente importante en esta historia porque es uno de los grandes centros de diversidad cultural y lingüística de México. La presencia de Kaldhol en la Feria Internacional del Libro de Oaxaca adquirió, por tanto, un significado particular.


En aquella visita, la escritora noruega compartió espacio con autores mexicanos y latinoamericanos. Su participación muestra que el intercambio literario no tiene por qué producirse solamente mediante traducciones comerciales o grandes instituciones. También ocurre mediante festivales, lecturas, conversaciones y encuentros personales entre escritores.


Kaldhol encontró en esos espacios una posibilidad de acercarse a México no como una imagen distante, sino como una realidad cultural compleja.


Su experiencia mexicana parece haber reforzado además una idea que atraviesa su concepción de la escritura: escribir consiste en observar. En una entrevista de 2009 afirmó que para ella escribir implicaba adoptar una actitud de observación y percepción intensa del mundo. Quería crear textos capaces de hacer que el lector volviera a mirar aquello que quizá había visto mil veces sin haberlo realmente observado.

México, en ese sentido, no aparece únicamente como escenario. Se convierte en una nueva manera de mirar.


Dos costas, dos tradiciones, un diálogo


La relación entre Kaldhol y México también resulta interesante por una razón histórica. Las relaciones culturales entre Noruega y México tienen antecedentes mucho más antiguos.


Uno de ellos es Carl Lumholtz, el explorador y etnógrafo noruego que estudió extensamente el norte de México a finales del siglo XIX y cuya obra México desconocido se convirtió en una referencia para el conocimiento de las culturas y territorios de esa región. Otro vínculo histórico fue el del escritor mexicano Efrén Rebolledo, quien trabajó como diplomático en Noruega y desarrolló una relación profunda con la cultura nórdica.


Kaldhol se inserta, de alguna manera, en esa larga historia de intercambios.


Pero su camino es diferente. No llega a México como exploradora ni como diplomática. Llega como escritora.


Y desde la literatura realiza un movimiento inverso: no intenta solamente describir México para Noruega, sino permitir que determinadas palabras, imágenes y experiencias mexicanas entren en su propio universo creativo.


Una literatura que cruza fronteras


La importancia de Marit Kaldhol dentro de este diálogo cultural no reside únicamente en haber viajado a México ni en haber participado en encuentros literarios. Está en su capacidad para convertir el contacto cultural en materia literaria.


Su obra demuestra que una palabra puede ser mucho más que una unidad del lenguaje. Puede transportar una historia.


Ayotzintli es, en este sentido, una palabra especialmente poderosa. Al aparecer en una obra noruega, lleva consigo una resonancia mexicana y mesoamericana. Se convierte en una pequeña puerta entre dos mundos lingüísticos.


Por eso, la relación de Marit Kaldhol con México merece ser estudiada con mayor profundidad. No solamente por su presencia en Oaxaca o por su interés en la literatura latinoamericana, sino por la manera en que su obra cuestiona las fronteras lingüísticas habituales de la literatura europea.


Entre los fiordos de Ålesund y los paisajes de Oaxaca existe una distancia geográfica enorme. Sin embargo, la literatura puede recorrerla.


Kaldhol ha demostrado que ese viaje puede hacerse de muchas maneras: mediante la poesía, mediante la traducción, mediante el encuentro con otros escritores y, también, mediante una palabra.


Una palabra como ayotzintli.


Una palabra mexicana que, al entrar en un libro noruego, se convierte en puente.



 
 
 

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